La altura del aro de básquetbol no nació de calcular cuánto podía saltar un profesional. El Salón de la Fama del Básquetbol recuerda un origen mucho más sencillo: un balcón de gimnasio donde James Naismith colocó dos canastas en 1891.
Buscaba cajas y recibió canastas de duraznos
La historia de Springfield College cuenta que Naismith pidió al encargado del edificio dos cajas para usarlas como metas. En lugar de ellas recibió dos canastas de duraznos, que fijó a la barandilla inferior del balcón, una en cada extremo del gimnasio.
Esa barandilla estaba a diez pies del piso. La medida, entonces, salió del lugar disponible para instalar las canastas, no de una prueba para decidir la dificultad ideal de una clavada.
Había, además, una complicación que hoy parecería absurda: las canastas conservaban el fondo. Una persona en cada extremo del balcón retiraba el balón después de una anotación para devolverlo al juego. Según el relato de la institución, los fondos se quitaron años después.
Diez pies y 3.05 metros: casi la misma cifra
La regla 1 de la NBA mantiene el borde superior del aro a diez pies sobre el piso y paralelo a él. La conversión exacta es 3.048 metros, que al expresarse con dos decimales se redondea a 3.05.
También importa qué se mide: la altura corresponde al borde superior del aro, no a la parte baja de la red ni al extremo superior del tablero. Confundir esas referencias cambia por completo la medición.
Una huella de 1891 en cada canasta
El Salón de la Fama del Básquetbol sitúa el nacimiento del juego en Springfield, Massachusetts, el 21 de diciembre de 1891, y conserva esa historia en su galería dedicada al origen del deporte.
Detrás de la altura que desafía a quienes intentan una clavada hay una solución práctica del siglo XIX.
Actualizado: 31 de octubre de 2026, 08:39, Ciudad de México.
