El maratón mide 42 kilómetros y 195 metros porque adoptó la distancia usada en los Juegos Olímpicos de Londres 1908, aunque su estandarización llegó en 1921. No es una medida que todas las ediciones olímpicas hayan tenido desde el comienzo.
Primero fueron unos 40 kilómetros
En Atenas 1896, el primer maratón olímpico moderno recorrió aproximadamente 40 kilómetros desde Marathon hasta el Estadio Panatenaico. El Comité Olímpico Internacional recuerda que Spyridon Louis ganó aquella carrera en 2 horas, 58 minutos y 50 segundos.
La prueba evocaba el relato del mensajero griego que llevó noticias de una batalla, pero conviene separar esa tradición del reglamento deportivo moderno. Una historia inspiradora no equivale a una medición homologada del recorrido que hoy corre un maratonista.
Londres dejó la cifra que conocemos
Para 1908, el trazado salió de Windsor y terminó en el estadio White City. El Centro de Estudios Olímpicos explica que se buscó situar la salida en el East Lawn del castillo y la meta frente al palco real. La ruta resultante midió 26 millas y 385 yardas: 42.195 kilómetros.
Aquella edición también quedó en la memoria por Dorando Pietri. Llegó primero al estadio, pero recibió ayuda de oficiales en su accidentado cierre y fue descalificado. Cruzar la meta antes que todos no bastó para conservar el triunfo.
Una cosa es el antecedente y otra la norma
World Athletics fija en 1921 la estandarización de la distancia. Esa fecha responde una pregunta distinta de 1908: cuándo dejó de ser únicamente la longitud de una edición y pasó a ser la referencia oficial.
Hoy el recorrido puede organizarse en vueltas o con un trazado de ida y vuelta; no necesita copiar el camino londinense. Lo que permanece es la distancia. Por eso, cuando escuches “42K”, recuerda que es una abreviatura cómoda: los últimos 195 metros también forman parte del maratón.
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